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El aire que respiramos, desafíos y soluciones para la calidad del aire interior

13/03/2024

La actual coyuntura del mercado de ventilación y calidad de aire interior merece una atención crítica y, a la vez, constructiva. En los últimos años, la importancia de respirar un aire limpio se ha vuelto un tema central en nuestras vidas, especialmente tras el impacto de la pandemia de COVID-19. Esta situación sin precedentes no solo incrementó la demanda de sistemas de ventilación avanzados, sino que también subrayó la vital importancia de la calidad del aire interior para nuestra salud y bienestar.

En la actualidad, en ámbitos críticos como la industria farmacéutica y el sector sanitario, donde la pureza del aire es un factor determinante en la calidad y seguridad de los procesos, se imponen rigurosos estándares de calidad del aire. Esto se debe a que cualquier alteración en la atmósfera puede tener impactos significativos en la salud pública. Como consecuencia, en estas industrias, la ingeniería de los sistemas de ventilación se desarrolla con especial atención a las necesidades específicas de calidad del aire, garantizando entornos seguros tanto para los pacientes como para la producción de medicamentos.

Por lo tanto, la discrepancia entre las demandas de un sistema de filtración eficaz, que satisfaga los requerimientos de sus usuarios y la actividad llevada a cabo, y su implementación efectiva, no se presenta en estos sectores.

Sin embargo, a pesar de este despertar colectivo que se ha comentado anteriormente, sectores terciarios como el residencial permanecen notablemente rezagados. Curiosamente, es en este tipo de sectores donde se observa la creciente preocupación por la calidad del aire, donde los sistemas de ventilación no mejoran.

La situación de calidad del aire interior en sectores terciarios

La mayoría de las personas pasan cerca del 90% de su tiempo en interiores, ya sea en oficinas, colegios, lugares de ocio o en sus propias casas. Según la Organización Mundial de la Salud, más del 50% de la población mundial vive en zonas urbanas, una cifra que se prevé que aumentará al 70% para el año 2050. La cercanía a centros urbanos incrementa la exposición a diversos contaminantes, afectando no solo la calidad del aire exterior sino también la interior. Un claro ejemplo de cómo afecta la calidad del aire exterior a la interior, se observa al ventilar espacios como las aulas de un colegio abriendo ventanas.

Este método, si bien puede reducir la concentración de contaminantes generados en el interior, simultáneamente introduce contaminantes externos que pueden degradar la calidad del aire del edificio. Un caso similar se observa en el uso de aires acondicionados, donde la ausencia de un sistema de filtración adecuado permite que la contaminación del exterior penetre en el inmueble y se acumule sin posibilidad de salida con los contaminantes interiores ya presentes, como los provenientes de productos de limpieza y pinturas. Es por situaciones como las anteriores que la calidad del aire interior puede estar cinco veces más contaminada que la exterior. Entonces, ¿por qué los sistemas de ventilación en espacios interiores no han evolucionado al ritmo que la situación demanda?

Desde mi punto de vista, el problema radica en una falta de conciencia y acción coordinada entre fabricantes, reguladores y el público general. En sectores críticos, los estándares de calidad del aire son excepcionalmente altos. Pero en el ámbito de edificios públicos y privados, la situación es alarmantemente diferente. La calidad del aire interior se ha vinculado con enfermedades respiratorias, alergias e incluso condiciones más graves como el cáncer de pulmón y enfermedades neurodegenerativas. Este conocimiento debería impulsarnos a exigir y diseñar mejores sistemas de ventilación que no solo respondan a nuestras necesidades actuales, sino que también anticipen los desafíos futuros.

La filtración de aire y las tendencias en el mercado 

Es cierto que se ha percibido una mayor sensibilización en cuanto a la calidad del aire interior, sobre todo en lo que se refiere a espacios compartidos, pero es precisamente en este tipo de instalaciones donde el índice de partículas recomendado se duplica. Por lo tanto, los sistemas de filtración no funcionan. Esto puede atribuirse a múltiples factores, como sistemas de ventilación que no cumplen con los requisitos, equipos obsoletos, la elección de dispositivos más económicos, pero de menor eficiencia, o una deficiente gestión del mantenimiento.

Sin embargo, a pesar de ser un proceso lento, las tendencias analizadas señalan un avance hacia una dirección favorable. Nos estamos encaminando hacia una mejora en la ventilación de los espacios, con un creciente interés y adopción de tecnologías de purificación del aire en las instalaciones. Es importante señalar que, aunque la idea de que todas las edificaciones estén equipadas con sistemas de ventilación avanzados, purificadores de aire, o dispositivos para el monitoreo de la calidad del aire pueda parecernos distante, ya existen países en el norte de Europa que están liderando el camino hacia este tipo de soluciones en sus infraestructuras.

En la actualidad, damos por sentados avances por el bienestar colectivo, como los cinturones de seguridad en los vehículos, o la prohibición de fumar en lugares cerrados. Desde mi perspectiva como especialista en filtración, confío en que los sistemas de ventilación en los edificios sigan un camino similar hacia la normalización y la integración universal.

Una calidad de aire mejor, un camino juntos 

La mejora de la calidad del aire debe ser el objetivo, ya sea para personas, para máquinas y equipos. Es esencial involucrar a toda la sociedad para afrontar los retos de hoy y mañana. Gobiernos, arquitectos, instaladores, asociaciones, fabricantes, inversores, ingenieros, técnicos y usuarios finales para introducir los requisitos mínimos y asegurar que las especificaciones reflejan las últimas normativas y tecnologías. 

A nivel personal, cada uno de nosotros puede contribuir a este cambio. Desde adoptar prácticas más sostenibles en nuestro día a día hasta exigir mejoras en los sistemas de ventilación en nuestros lugares de trabajo o escuelas, nuestras acciones colectivas pueden marcar una diferencia significativa.

En conclusión, en España ha crecido la sensibilización y mejora sobre la filtración y la calidad del aire, pero aún nos queda un camino para que como sociedad las reconozcamos como pilares esenciales para nuestra salud y bienestar. Debemos presionar por cambios normativos y recomendaciones favorables. Entonces, no será extraño que la verificación y el control de la calidad del aire interior cada vez tome más protagonismo y, por ende, que el mercado de la filtración está crezca. La calidad del aire que respiramos debe ser una prioridad, y es responsabilidad de todos contribuir a su mejora.

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