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Etiqueta energética en el aire acondicionado: qué debes saber

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etiqueta energética en el aire acondionado
13/07/2020

A la hora de comprar un equipo de aire acondicionado buscamos, fundamentalmente, que además de tener buen precio y calidad, no consuma demasiado, para que no se dispare la factura eléctrica al final de mes, y que, a ser posible, produzca un mínimo impacto en el medio ambiente. La etiqueta energética en el aire acondicionado nos puede ayudar a tomar la mejor decisión posible.

Aunque si preguntamos al técnico por las características del equipo que vamos a adquirir puede informarnos adecuadamente, entender la etiqueta energética en el aire acondicionado nos permitirá tener una visión global del equipo. Para ello es necesario conocer y comprender todos los elementos que la componen.

Etiqueta energética en el aire acondicionado

Haciendo un repaso por su evolución en los últimos años, esta etiqueta es obligatoria según normativa europea desde 2004 en aquellos equipos de potencia inferior o igual a 12 kW.. En el año 2013, sin embargo, la Comisión Europea decidió renovar esta etiqueta energética introduciendo dos escalas de eficiencia energética, una para el verano (índice SEER) y otra para invierno (índice SCOP).

Desde 2015, la Directiva ErP (Energy Related Products) de diseño ecológico y la ELD de etiquetado energético son de cumplimiento obligado para los fabricantes de equipos de aire acondicionado, (y otros equipos relacionados con la energía) que deben comercializarse acompañados de su propia etiqueta energética. Y la última novedad la encontramos en 2017 (Reglamento UE/2017/1369) cuando vio la luz ve la luz el nuevo reglamento de Etiquetado Energético para los productos relacionados con la energía tal y como la conocemos hoy en día.

Información de la etiqueta energética en el aire acondicionado

La etiqueta energética en el aire acondicionado debe figurar tanto en la unidad interior como en la unidad exterior. Incluye la siguiente información:

  • Tipo de producto, especificando el nombre o marca comercial del proveedor.
  • Modelo del equipo, especificado por el proveedor.
  • La clasificación energética: va desde el estándar A+++, que es la de mayor eficiencia energética, hasta la G, que es la de menor eficiencia energética. Consumo energético por zona geográfica: esta información consiste en una estimación media, en kWh, de lo que gastará el equipo en un año. De esta manera, el comprador puede verificar el gasto que tendrá en comparación con otro equipo, siempre tomando como base la normativa que especifica las zonas geográficas.
  • Potencia refrigerante: la capacidad de enfriamiento si el equipo está a pleno funcionamiento.
  • SEER (símbolo de un ventilador y un flujo de aire, en azul): eficiencia energética del aire acondicionado en frío. Este parámetro, redondeado al primer decimal, se obtiene relacionando la capacidad frigorífica con el consumo de energía necesario para obtenerla.
  • Nivel sonoro de la unidad exterior e inferior, expresada en dB(A).

¿Y si el equipo también produce calor?

Si el equipo de aire acondicionado tiene la posibilidad de producir calor, la etiqueta energética que incluya la unidad también debe especificar la potencia calorífica que aporta el equipo a pleno rendimiento.

Además, la etiqueta energética también aportará la eficiencia energética del aire acondicionado estacional en calor. Es decir, la relación entre la capacidad calorífica y el consumo de energía que fue necesario para obtenerla. Este coeficiente de rendimiento estacional (valor SCOP) de las respectivas temporadas de calefacción estarán redondeado al primer decimal.

Trucos para entender algunos de los parámetros

La etiqueta energética se compone de una escala de colores, que van del rojo al verde, y letras, desde la A+++ a la G, para facilitar el entendimiento del usuario respecto a la eficiencia del equipo que tiene interés en adquirir.

Además de estos parámetros, que nos aportan de forma visual una gran cantidad de información, hay algunos trucos que nos pueden hacer comprender mejor los datos que aparecen en la etiqueta energética en el aire acondicionado. Nos harán comprender más rápidamente el consumo que tendrá el equipo y lo que podemos ahorrar cuando recibamos la factura de la electricidad. Entre ellos se encuentran los siguientes:

  • En cuanto a la clasificación energética se refiere, se considera que los consumos más eficientes son todos los equipos que tienen la etiqueta A (A+++, A++, A+ y A), B y C. Los de consumo moderado serían los de las etiquetas D y E. Y los de consumo alto las etiquetas F y G.
  • A más alto sea el SEER, mejor es el rendimiento del equipo.
  • A más alta la potencia energética del aire acondicionado estacional en calor, mejor rendimiento tendrá el equipo.

El consumo-hora no suele aparecer en la etiqueta energética en el aire acondicionado, pero es fácil calcularlo. Para ello, multiplicamos las frigorías por los metros cuadrados de la superficie a enfriar. Se debe calcular entre 100 y 140 frigorías por metro cuadrado, teniendo en cuenta que puede haber pequeñas variaciones en función del clima y el aislamiento de la estancia. Una vez que tenemos el resultado convertimos las frigorías a watios, teniendo en cuenta que el factor de conversión es de 1,163. Tras obtener los watios los dividimos por el SEER que aparece en la etiqueta energética. El resultado será el consumo real de watios por hora del equipo. En el caso de tener dudas, lo mejor es dejarse aconsejar por los profesionales.

Por último, hay que conocer que en el mapa de Europa que aparece reflejado en la etiqueta energética, hay tres tipos de regiones en función de sus temperaturas: frías (en color azul), templadas (en verde) y cálidas (en rosa), que muestran tres temporadas de calefacción indicativas y sus respectivos cuadros de color.

La etiqueta energética en el aire acondicionado, tanto de uso doméstico como de tipo industrial, nos permite conocer de una manera más precisa todas las características del equipo que vamos a adquirir, a cuánto la factura al final de mes y su nivel de eficiencia energética. Se estima que, eligiendo el aparato en función de la información que marca la etiqueta energética del equipo, podemos ahorrar hasta un 30% del consumo de energía.

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