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El botón “secreto” de tu caldera: el ajuste que baja un 40% tu factura de gas sin pasar frío este invierno

23/02/2026

El invierno ya está aquí y, con él, el miedo a abrir el sobre de la factura del gas. Miras el termómetro, miras el radiador y sientes que cada grado de temperatura es dinero que se escapa por la ventana.

La mayoría de nosotros cometemos un error básico: encender la calefacción y esperar a que el milagro ocurra. Pero hay un ajuste crítico en tu caldera que nadie te ha explicado y que puede cambiar las reglas del juego este mes.

No necesitas hacer obras, ni cambiar las ventanas, ni comprar mantas eléctricas de última generación. La solución está en un pequeño dial que probablemente llevas años ignorando. (Sí, ese que tiene un dibujo de un radiador y que siempre dejas al máximo).

La temperatura de impulsión: el gran secreto de tu bolsillo

Lo primero que debemos entender es que tu caldera no necesita trabajar a destajo para que tu casa esté caliente. El dato clave es la temperatura de impulsión del agua. Es el calor al que el agua sale de la caldera hacia tus radiadores.

Por defecto, muchos técnicos instalan las calderas y las dejan configuradas a 75°C o incluso 80°C. Es una locura energética. A esa temperatura, la caldera consume una cantidad ingente de combustible para calentar el agua en tiempo récord, generando picos de gasto que destrozan tu presupuesto.

Si tienes una caldera de condensación (la mayoría de las instaladas en los últimos 10 años), el truco es bajar esa cifra. Al situar la temperatura de impulsión entre los 55°C y los 60°C, permites que la tecnología de condensación recupere el calor del vapor de agua.

Dato clave: Por cada grado que reduces la temperatura de impulsión, el ahorro en el consumo de gas puede oscilar entre el 3% y el 5%. Si bajas de 80°C a 55°C, la diferencia en la factura es simplemente abismal.

El mito de “encender y apagar” la calefacción

Seguro que lo has oído mil veces: “Es mejor dejarla encendida todo el día a temperatura baja”. Pues bien, esto es una verdad a medias que suele salirnos cara. La física es terca: mantener una casa caliente cuando fuera hace 2°C requiere energía constante porque el calor siempre se escapa.

La estrategia ganadora para este invierno es la inercia térmica controlada. No apagues la calefacción del todo si vas a salir solo dos horas, pero no la mantengas a 21°C si no hay nadie. Lo ideal es bajar el termostato a 16°C o 17°C durante las ausencias o por la noche.

¿Por qué 17 grados? Porque es el punto de equilibrio donde los muros de tu casa no se enfrían por completo. Recuperar el calor desde los 17°C es mucho más barato que hacerlo desde los 12°C, donde la caldera tendría que trabajar en modo “pánico” durante horas.

Radiadores: los grandes olvidados de la eficiencia

Si tus radiadores hacen ruidos extraños o están fríos por la parte superior, estás tirando el dinero. El aire atrapado en el circuito actúa como un aislante, impidiendo que el agua caliente transmita el calor al ambiente. Purgar los radiadores es una tarea de 5 minutos que debería ser obligatoria cada noviembre.

Pero hay algo más que puedes hacer hoy mismo: despejar el camino del calor. Ese sofá pegado al radiador o la ropa secándose encima son agujeros negros de energía. El radiador necesita que el aire circule por convección; si lo bloqueas, el calor se queda atrapado y el termostato nunca detecta que se ha alcanzado la temperatura deseada.

Un truco de experto (y muy barato) es colocar paneles reflectantes detrás de los radiadores, especialmente en paredes que dan al exterior. Estos paneles devuelven el calor hacia la habitación en lugar de dejar que sea absorbido por el muro. Es una inversión de 10 euros que se amortiza en la primera semana de frío intenso.

El factor humano: el termostato no es un acelerador

Este es el error psicológico más común en España. Llegas a casa, hace frío y pones el termostato a 25°C pensando que así “calentará más rápido”. Error total. La caldera funciona a la misma potencia máxima tanto si pides 21°C como si pides 30°C.

Lo único que consigues es que la caldera no pare a tiempo y sobrepases la temperatura de confort, gastando un 7% más por cada grado de exceso. (Seamos sinceros, nadie necesita estar en manga corta en el salón mientras fuera está nevando).

Atención: La OMS recomienda una temperatura de confort de entre 19°C y 21°C. Cada grado que subas por encima de los 20°C incrementa tu factura de forma exponencial, no lineal. Tu bolsillo lo notará antes que tu cuerpo.

Pequeños gestos para un ahorro del 40%

Para alcanzar ese ahorro prometido, debemos sumar pequeñas victorias diarias. Las persianas son tus mejores aliadas: ábrelas de par en par cuando pegue el sol y bájalas en cuanto empiece a atardecer. Actúan como una capa aislante extra que retiene el calor acumulado durante el día.

Revisa también los burletes de las puertas y ventanas. Si sientes una corriente de aire al pasar la mano, tienes una fuga de billetes. Un simple rollo de espuma adhesiva puede reducir las pérdidas de calor por infiltración hasta en un 15%. Es la “obra” que no requiere albañiles y que cambia el clima de tu hogar.

La combinación de bajar la temperatura de impulsión, purgar radiadores, usar reflectantes y gestionar las persianas es lo que realmente permite recortar ese 40% de gasto. No es una sola medida, es una estrategia de guerra contra la inflación energética.

Mañana, cuando te levantes, echa un vistazo a tu caldera. Ese pequeño ajuste en el panel digital o en la rueda de temperatura podría ser el mejor regalo que te hagas esta Navidad. Al final, el ahorro no consiste en pasar frío, sino en dejar de calentar la calle con nuestro dinero.

¿A qué temperatura tienes configurada tu caldera ahora mismo?


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