Este artículo nos introduce en la problemática del aire en las instalaciones comenzando por mostrar lo dictado por la normativa RITE en esta materia, exponiendo después los orígenes del aire y sus problemas derivados. Para poder resolver correctamente estos problemas, es vital conocer bien a nuestro enemigo por lo que se explican los tres tipos de aire presente en las instalaciones y su forma de interacción con el agua.
Finalmente se explica la Ley de Henry, responsable de todos estos comportamientos, analizando cómo influye dicha Ley en las instalaciones.
El apartado ITE 02.16 – Prevención de la corrosión dice textualmente: “… adoptar medidas durante la fase de diseño con el fin de prevenir la corrosión …” y nos pide “… tener en cuenta los criterios del informe técnico UNE 100050”.
En dicho informe UNE 100050:1996 IN – Prevención de la corrosión podemos leer: “Para controlar la corrosión debe eliminarse el oxígeno disuelto, bien con sulfito de sodio, bien mecánicamente o con un desgasificador”. Y más adelante en el mismo informe: “Todas las instalaciones de potencia térmica mayor que 500 kW estarán equipadas con los aparatos necesarios para controlar la corrosión”.
En el llenado inicial de una instalación, el agua ha de desplazar al aire hasta ocupar totalmente el interior de tuberías y equipos. De no contar con buena práctica, tiempo suficiente y purgadores automáticos bien ubicados, éste será el primer origen del aire. En adelante y durante la vida de la instalación, el aire estará presente por diversos motivos:
A la hora de comprender los problemas que causa el aire es importante conocer primero sus propiedades que dan origen a estos problemas, y que son las siguientes:
… el aire será responsable directo de numerosos problemas, a menudo erróneamente diagnosticados, como son:
Cavitación en bombas, derivando en deterioro de cierres mecánicos (figura 1), ruidos, menor potencia de bombeo (figura 2), caudales insuficientes, menor vida operativa por desgastes prematuros (figura 3) y mayores costes de mantenimiento.
Figura 1. Cavitación de la bomba y concentración del aire entorno al eje.
Figura 2. Reducción de la potencia de bombeo debido a la cavitación.
Figura 3. Formación de la cavitación y desgastes prematuros que origina.
Figura 4. Efecto del aire en el rendimiento de la caldera.
Pero para poder definir la mejor solución a estos problemas, estudiemos primero con detalle a nuestro enemigo: el aire.
Como podemos ver en la figura 5, en toda instalación hidráulica el aire se manifiesta de tres formas distintas:
Figura 5. Los tres tipos de aire en las instalaciones.
Como indica la figura 6 supongamos agua en contacto y equilibrio con aire, a una temperatura
(T) y a una presión (P). Veamos qué sucede al modificar estos parámetros:
Figura 6. Interacción entre el aire y el agua.
Aumenta T: la temperatura no es más que un reflejo de la agitación molecular de los cuerpos.
Si aumenta, quiere decir que las moléculas de agua se encuentran más agitadas por lo que dejarán menos espacios libres entre ellas. Al tener menos espacio donde ubicarse, una parte del aire disuelto se desprende del agua y forma microburbujas.
Disminuye T: por el contrario, si baja la temperatura se reduce la agitación de las moléculas de agua por lo que el aire puede ocupar un mayor espacio libre y el agua absorbe aire.
Aumenta P: la presión existente en la superficie libre de agua se transmite por igual (hidrostáticamente) en todo el volumen de agua, sumándose en cada nivel, con la presión debida a la columna de líquido. A nivel molecular el aire se ve “atrapado” entre las moléculas de agua debido a la presión P que actúa sobre ellas. Cuanto mayor sea esta presión, mayor cantidad de aire podrán contener las moléculas en su interior, sin permitir que éste sedesprenda. Por ello, al aumentar P, el agua absorbe aire.
Disminuye P: por el contrario, si baja la presión, básicamente se reduce la fuerza de contención de las moléculas de agua hacia el aire por lo que éste se desprende hasta alcanzar un nuevo valor de equilibrio de aire disuelto.
En resumen, y tal y como enunció Sir William Henry, cuando aumenta la temperatura o disminuye la presión, el agua libera aire creando microburbujas en el flujo. Por el contrario cuando disminuye la temperatura o aumenta la presión, el agua absorbe aire.
En efecto, como vemos en la figura 7, aunque en apariencia 1 m3 de agua siempre será 1 m3 de agua, según la Ley de Henry, en función de la presión absoluta y la temperatura a la que se encuentre, 1 m3 de agua contendrá en equilibrio un volumen determinado de aire disuelto.
Aunque pueda parecer difícil de creer, a 18 ºC y 0 bar relativos (presión atmosférica), 1 m3 de agua contiene 20 l de aire. Si lo calentamos hasta 80 ºC y dejamos transcurrir el tiempo suficiente (minutos), el mismo volumen de agua albergará sólo 5 l de aire… ¿Qué ha pasado con los otros 15 l?. Muy simple, se han ido del agua. Si ahora mantenemos los 80 ºC y subimos la presión hasta 1,2 bar relativos, nuestro m3 de agua vuelve contener 20 l de aire … ¿De dónde habrá tomado los 15 l que había perdido?.
Los tomará de donde pueda, pero podemos estar tan seguros de ello como lo estamos de la Ley de la Gravedad; la Ley de Henry es una ley física.
Supongamos por ejemplo una instalación cuya presión relativa media respecto a la atmosférica sea de 2 bar, con un volumen de agua de 10.000 litros y cuya calefacción se arranque a las 7:00 h llegando una temperatura media de 75 ºC y se apague a las 22:00 h enfriándose de forma natural la instalación hasta una media de 10 ºC.
Si nos fijamos en la Ley de Henry (figura 7) veremos que durante la noche el agua de la instalación alcanza un equilibrio de aire disuelto de 68l aire/m3 agua. Una vez que se arranca la instalación a las 7:00 h, el agua irá desprendiéndose del aire que le sobre en cada uno de los estados intermedios, hasta llegar a un equilibrio de 28 l aire/m3agua a 75ºC.
En el proceso de puesta a régimen de la instalación, el agua habrá por tanto liberado la diferencia, es decir, 40 laire/m3agua, o lo que es lo mismo, habrá puesto 400 litros de aire en circulación dentro de las tuberías, en forma de microburbujas.
Este aire se dedicará durante el día a crear los problemas en la instalación. Al final del día, con el cierre de la calefacción y el consiguiente enfriamiento, el agua volverá a absorber los 400 litros de aire para llegar a su equilibrio a 10 ºC.
Figura 7. Ley de Henry. Influencia en las instalaciones.
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Buenas,
De toda la información que he buscado al respecto, este artículo es de lo más completo y didáctico. Muy bueno.