Ante el desfavorable contexto en el que está sumida Europa y la consecuente agudización de la crisis energética, es indudable la imperiosa necesidad de conseguir soluciones inmediatas, factibles y objetivas para amortiguar lo antes posible esta situación. No obstante, pese a que el entorno geopolítico puede ser complejo y de difícil predicción, existen razones por las que podemos esperar que la crisis energética augure un futuro cercano más alentador.
Actualmente, los expertos señalan que la electrificación, a través de las energías renovables (como la energía eólica y la solar) no será suficiente para cubrir el total de demanda energética de nuestra sociedad, siendo necesario descarbonizar también el sector gasista, implementando medidas para maximizar la utilización de otras energías limpias como el gas renovable. En este sentido, las redes de gas son la respuesta a corto plazo a la emergencia y una solución a largo plazo para cumplir los objetivos del pacto verde europeo.
Hay que tener en cuenta en el panorama energético que por la infraestructura gasista se vehicula un 50% más de energía que por la infraestructura eléctrica, con lo que de igual manera que se está impulsando la generación eléctrica renovable, se hace necesario impulsar la generación de gas renovable como el biometano o el hidrógeno verde. Con el uso de estos gases renovables, podríamos ahorrar más de 500 millones de toneladas de emisiones de CO2 al año en toda Europa.
El gas renovable y en concreto el biometano es un factor determinante en el proceso de descarbonización del sector energético. Este gas verde es totalmente intercambiable por el gas natural, por lo que puede distribuirse a través de la infraestructura gasista existente y emplearse con las mismas aplicaciones energéticas en hogares, industrias, comercios y también para transporte y movilidad.
El origen del biometano es el biogas, que se genera a través de los procesos de degradación de la materia orgánica (residuos urbanos, agrícolas, ganaderos o forestales, aguas residuales, etc.) que, una vez tratado en un proceso denominado upgrading, se hace compatible con el gas natural (biometano), siendo neutro en emisiones de CO2. Se trata de una opción sostenible y económicamente competitiva para impulsar un sistema energético descarbonizado y así luchar contra el cambio climático.
El biometano es por tanto un valioso recurso energético clave en la Net Zero 2050 que además promueve la economía circular. De hecho, no solo es una energía de futuro, sino una realidad de presente en muchos países de Europa, incluyendo el nuestro. En el 2019 se inyectó por primera vez en España gas de origen renovable en la red de distribución gasista y en estos momentos (marzo 2022) tenemos en España cinco proyectos inyectando biometano en el sistema gasista.
La progresiva implementación del gas renovable en nuestras redes traerá consigo múltiples beneficios para nuestro país:
En este sentido, cabe destacar que tampoco es necesario realizar inversiones (ni públicas ni privadas) de transformación ni en la actual infraestructura de redes de gas que tenemos ni en los equipamientos de consumo de los usuarios.
Otras ventajas que genera el gas renovable sobre el territorio es la seguridad de suministro. Al ser una energía producida a nivel local, sustituye a la que se importa, con lo que se reduce la dependencia energética del exterior.
Asimismo, es también positivo para la agricultura del territorio. En el proceso de generación del biometano se obtiene un producto denominado digestato que puede aprovecharse como fertilizante para el campo, reduciendo así el uso de fertilizantes químicos (volvemos a poner sobre la mesa el concepto de economía circular, del residuo al recurso). Y no solo eso, a nivel económico, el impulso del gas renovable contribuye también al desarrollo del territorio y la creación de empleo local en entornos agrícolas y ganaderos para el desarrollo de proyectos.
Por último, el gas renovable es un gran aliado con relación a otras soluciones medioambientales, como por ejemplo la gestión de residuos tipo paja del arroz u orujillos de la aceituna, que pueden ser fuente de energía. De esta manera se generan sinergias económicas con la potente industria agroalimentaria.
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