No cabe duda que, uno de los paquetes normativos de mayor trascendencia en las últimas décadas está siendo la F-Gas. El compromiso del sector del frío con los retos energéticos fijados por la Unión Europea en el horizonte del año 2020 -reducción de emisiones en un 20 por ciento, aumento del uso de energías renovables en otro 20 por ciento y reducción del consumo de energía en el mismo porcentaje- es firme y se han hecho grandes avances para contribuir a conseguirlos.
La normativa F-Gas tiene como objetivo la reducción de emisiones de CO2 y establece medidas de contención, limitación de uso, recuperación y destrucción de gases fluorados de efecto invernadero.
El reglamento tiene como objetivo la reducción de emisiones de CO2 y establece medidas de disminución de uso progresiva, contención, uso, recuperación y destrucción de gases fluorados de efecto invernadero; merece la pena resaltar que, en esta categoría, no están incluidos los HFO, que no están considerados GEI (Gases de Efecto Invernadero).
Con una hoja de ruta de reducción de emisiones que termina en el año 2050, las actuaciones se fijan en tres frentes principales:
La reducción de emisiones tiene un capítulo muy importante en lo referido a los nuevos umbrales de contención de fugas que implica un control más exhaustivo y frecuente y la necesidad de instalar sistemas de detección de fugas en instalaciones en las que antes no era necesario. En los últimos años, la industria ha hecho un gran esfuerzo en este sentido con la introducción de tecnologías disruptivas –big data, inteligencia artificial, etc.- que nos hacen estar muy bien posicionados para el cumplimiento de estos objetivos.
Además, en la actualidad, existe ya un portfolio de refrigerantes aptos para una gran diversidad de aplicaciones frigoríficas que cumplen los requisitos de la F-Gas y que van desde HFC de bajo PCA hasta refrigerantes naturales como el CO2 y el amoniaco pasando por fluidos AL2, ligeramente inflamables.
Sin embargo, son numerosas las voces que afirman que la entrada descontrolada de gases refrigerantes HFC y de falsificaciones sin garantías en la Unión Europea es un lastre que está dejando sin efectos medioambientales la normativa F-Gas. El sangrante estudio “Puertas abiertas: el floreciente comercio ilegal de hidrofluorocarburos en Europa” de la Agencia de Investigación Ambiental (EIA) indica que el tráfico ilegal de este tipo de refrigerantes creció en 2018 en un 16%, lo que supone –solo en ese año- 16,3 millones de toneladas de CO2-equivalente distribuidos ilegalmente en la Unión Europea.
Asociaciones de toda Europa reclaman de forma urgente un mayor control fronterizo y más vigilancia en el mercado para limitar la entrada de refrigerantes de forma ilícita sin control. Solo así, los esfuerzos de la industria por la sostenibilidad medioambiental tendrán su fruto.
Otro reto al que se enfrenta la industria del frío es la carencia de técnicos cualificados para llevar a cabo el cambio tecnológico y la transición ecológica que es necesaria tanto para las empresas fabricantes e instaladoras como para los grandes sectores usuarios de frío –alimentación, hostelería, farmacia, telecomunicaciones y un largo etcétera-.
El clamor para que, desde las escuelas profesionales, se haga un esfuerzo para atraer jóvenes a un sector que registra pleno empleo e interesantes posibilidades de carrera cobra una gran trascendencia en este momento de evolución hacia la sostenibilidad. Solo con profesionales bien formados y cualificados se podrán lograr los objetivos y evitar pasos atrás con la entrada en el mercado de instaladores sin certificación.
En el reto de la eficiencia y del ahorro económico participa toda la cadena de suministro: fabricantes, instaladores, usuarios finales y, por supuesto, el legislador. Éste último debe tener en cuenta que los estándares y reglamentos estén adaptados al estado del arte de la tecnología y que se establezcan de medidas de control y de rutas de cumplimiento realistas, así como medidas fiscales incentivadoras y no restrictivas para la libre elección de tecnología. En opinión de AEFYT, sólo así se podrá combinar la preservación del medio ambiente con el desarrollo sostenible de la industria.
Artículo de Manuel Lamúa, Gerente de AEFYT
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