La segunda temporada del videopodcast Conexión energética, la eficiencia de las palabras aborda los retos del sector sociosanitario y las oportunidades de la monitorización de consumos para reducir costes sin comprometer el confort ni las condiciones de funcionamiento de los edificios.
La gestión energética de un edificio terciario presenta desafíos que van más allá de reducir el consumo de electricidad o calefacción. Los responsables de estas instalaciones deben mantener unas condiciones adecuadas de temperatura, ventilación y suministro de agua caliente, controlar los costes operativos y garantizar que los sistemas funcionen de acuerdo con las necesidades reales del inmueble.
Estas exigencias son especialmente relevantes en las residencias de personas mayores, donde la actividad se mantiene durante las 24 horas del día y el confort térmico y la seguridad de los usuarios condicionan las decisiones de explotación.
Este es uno de los temas que aborda ista en la segunda temporada de su videopodcast Conexión energética, la eficiencia de las palabras, una iniciativa dirigida a analizar los retos energéticos del sector terciario e industrial y las soluciones que pueden contribuir a mejorar su rendimiento.
El primer episodio reúne a Ricardo B. Soria, Business Developer Comercial & Industrial de ista, y José María Toro, presidente de la Asociación Empresarial de Residencias y Servicios a Personas Dependientes de la Comunitat Valenciana (AERTE). Ambos analizan las particularidades energéticas del sector sociosanitario y el papel que pueden desempeñar la medición inteligente y el análisis de datos en la optimización de las instalaciones.
Según los datos citados por ista a partir del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), el sector servicios representa cerca del 20 % del consumo energético final en España. La nota de prensa señala también que la aplicación de medidas de eficiencia energética podría permitir ahorros próximos al 30 %.
Estas cifras ponen de relieve la importancia de mejorar la gestión de la energía en edificios como oficinas, centros comerciales, residencias, instalaciones sanitarias y otros inmuebles de uso terciario. No obstante, el potencial de ahorro varía según el estado inicial del edificio, sus instalaciones, los horarios de funcionamiento y las medidas que se implanten.
En este tipo de inmuebles, una parte importante de la demanda puede estar vinculada a la climatización, la producción de agua caliente sanitaria, la ventilación, la iluminación y los equipos específicos de cada actividad. La distribución del consumo depende de la tipología del edificio y de su régimen de ocupación.
Por ello, una estrategia de eficiencia energética debe comenzar por conocer cómo se utiliza la energía, identificar los sistemas que concentran la demanda y determinar si existen desviaciones o consumos que puedan evitarse sin afectar al servicio.
Las residencias de personas mayores presentan unas condiciones de funcionamiento diferentes de las de muchos otros edificios terciarios. Su actividad continuada exige mantener condiciones interiores adecuadas durante todo el día, con necesidades que pueden variar según las zonas del edificio, la ocupación y las actividades desarrolladas.
La calefacción, la refrigeración cuando existe, la ventilación y la producción de agua caliente sanitaria deben responder a las necesidades de los residentes y del personal. Por tanto, la reducción del consumo no puede plantearse únicamente mediante una disminución de las temperaturas de consigna o una reducción indiscriminada de los tiempos de funcionamiento.
El objetivo consiste en ajustar los sistemas a la demanda real, evitando consumos innecesarios y conservando las condiciones necesarias para el bienestar y la seguridad de las personas.
Los sistemas térmicos pueden representar una parte relevante del consumo de una residencia, aunque su peso concreto depende del edificio y de los equipos instalados.
Una regulación inadecuada, los horarios que no se corresponden con el uso real o el funcionamiento continuado de equipos en condiciones poco eficientes pueden aumentar la demanda energética. El análisis de los datos ayuda a identificar estos comportamientos y a estudiar si es posible corregirlos.
En instalaciones con calderas, por ejemplo, conocer la evolución de las temperaturas, los tiempos de funcionamiento y los consumos permite investigar si la producción térmica responde adecuadamente a las necesidades del inmueble. En los sistemas de climatización, la comparación entre el consumo y las condiciones interiores puede ayudar a detectar situaciones que requieran una revisión.
Cualquier ajuste debe tener en cuenta los requisitos específicos de la instalación, las condiciones de confort y los protocolos de seguridad aplicables. En el caso del agua caliente sanitaria, además, es imprescindible respetar las medidas de prevención y control frente a la proliferación de Legionella.
La eficiencia energética tampoco debe abordarse a costa de una ventilación insuficiente. La renovación del aire contribuye a mantener condiciones interiores adecuadas y debe responder a las características del edificio, la ocupación y el uso de cada espacio.
Las estrategias de mejora deben buscar un equilibrio entre las necesidades de ventilación, el funcionamiento de los equipos y el consumo asociado. Cuando existen sistemas de regulación y datos disponibles, es posible analizar los horarios, los caudales y las condiciones de funcionamiento para valorar oportunidades de optimización.
La prioridad es conseguir que el edificio funcione de manera eficiente sin deteriorar la calidad del ambiente interior ni las condiciones de uso.
Una de las principales dificultades en la gestión energética es disponer de información suficiente para entender dónde, cuándo y por qué se consume la energía.
La factura permite conocer el gasto acumulado durante un periodo, pero normalmente no explica por sí sola qué equipos han generado la demanda, cuándo se producen los picos de consumo o si existen comportamientos anómalos.
La medición inteligente permite obtener información más detallada y frecuente sobre los consumos de una instalación. Cuando los datos se registran de manera continuada y se organizan adecuadamente, los responsables del edificio pueden comparar periodos, identificar tendencias y detectar desviaciones respecto al funcionamiento habitual.
Para que esta información resulte útil, es importante definir qué se necesita medir. Según las características del inmueble, puede ser conveniente supervisar el consumo eléctrico, el gas, el agua, la calefacción o determinadas instalaciones térmicas de manera individualizada.
La medición por zonas, equipos o usos —conocida habitualmente como submedición— permite desglosar el consumo global y entender mejor qué áreas contribuyen a la demanda. Su utilidad depende de la correcta selección de los puntos de medida y de la posibilidad de relacionar los datos con el funcionamiento real del edificio.
Recopilar información es solo el primer paso. El valor de la monitorización energética reside en utilizar los datos para tomar decisiones y comprobar posteriormente si las medidas aplicadas han dado resultado.
Un proceso de gestión energética basado en datos puede estructurarse en varias fases:
Por ejemplo, un aumento del consumo nocturno puede indicar que determinados equipos están funcionando durante más tiempo del necesario, pero también puede responder a condiciones meteorológicas, necesidades de agua caliente o requisitos propios de la actividad. Antes de modificar la operación, es necesario analizar el contexto.
Del mismo modo, comparar el consumo de dos edificios sin considerar sus superficies, ocupación, servicios y condiciones climáticas puede conducir a conclusiones erróneas. Para evaluar el rendimiento, conviene utilizar indicadores y referencias que tengan en cuenta las características de cada inmueble.
La monitorización aporta visibilidad y ayuda a priorizar las actuaciones, pero no garantiza por sí sola un ahorro. Los resultados dependen de la calidad de los datos, el análisis realizado y las medidas que se adopten.
En carteras inmobiliarias con varios edificios, la gestión energética puede resultar especialmente compleja. Los responsables necesitan conocer el comportamiento de diferentes instalaciones, comparar consumos y detectar incidencias sin depender exclusivamente de visitas presenciales o de lecturas puntuales.
Las plataformas de gestión energética permiten centralizar los datos disponibles y consultar la evolución de los consumos desde un único entorno. Algunas herramientas incorporan comparativas entre periodos o edificios, informes y alertas configurables que facilitan la detección de desviaciones.
En su oferta para los sectores comercial e industrial, ista dispone de soluciones de monitorización como MinuteView, que centraliza datos energéticos de los emplazamientos conectados y facilita su visualización, comparación y análisis. La plataforma permite configurar umbrales para generar alertas ante determinadas desviaciones de consumo. <Cite refs={[“turn402826search4”]}/>
La utilidad de estas herramientas depende de la cobertura de medición, de la frecuencia de actualización de los datos y de la capacidad de los equipos responsables para interpretar la información y actuar sobre ella.
La monitorización remota también puede facilitar la priorización de las intervenciones. Si varios edificios presentan desviaciones, los datos permiten identificar dónde puede ser más urgente investigar una incidencia o revisar una instalación.
Además de medir, algunas soluciones de gestión energética permiten intervenir sobre el funcionamiento de las instalaciones para adaptar la producción térmica a las necesidades del edificio.
En los sistemas de calefacción y agua caliente sanitaria, el ajuste de la operación puede ayudar a evitar que las instalaciones produzcan más calor del necesario. Para ello, es preciso considerar las características del edificio, sus horarios, las condiciones ambientales y las necesidades de los usuarios.
ista dispone de HeatPilot, una solución de gestión térmica que combina el análisis de datos con la regulación del funcionamiento de las instalaciones de calefacción y agua caliente sanitaria. Según la información del fabricante, el sistema busca adaptar la producción de calor a la demanda del edificio y detectar desviaciones mediante la supervisión continua. <Cite refs={[“turn402826search0”]}/>
La aplicación de este tipo de tecnología requiere analizar previamente la instalación y definir los puntos de control adecuados. El potencial de mejora dependerá del sistema existente, de su estado de funcionamiento y de las oportunidades de regulación disponibles.
En una residencia, cualquier estrategia de control debe mantener las condiciones interiores y los requisitos sanitarios que correspondan. La eficiencia energética debe entenderse como una optimización del funcionamiento, no como una reducción del servicio prestado.
La segunda temporada de Conexión energética, la eficiencia de las palabras se centra en el sector servicios y en diferentes tipologías de edificios, entre ellas residencias de personas mayores, centros comerciales, oficinas y plantas industriales.
El formato reúne a profesionales de ista y representantes de distintos ámbitos para analizar los retos de la gestión energética y las posibles respuestas basadas en tecnología, medición y análisis de datos.
En el primer episodio, Ricardo B. Soria conversa con José María Toro, presidente de AERTE, sobre las necesidades energéticas del sector sociosanitario y la importancia de ajustar el funcionamiento de las instalaciones a la demanda real.
La serie busca acercar estas cuestiones a los profesionales responsables de la gestión de edificios y mostrar cómo los datos pueden apoyar la identificación de oportunidades de mejora.
El primer episodio de la segunda temporada está disponible en YouTube y en Spotify.
ista cuenta con experiencia en la medición y el reparto individual de consumos de calefacción y agua, y ha extendido su oferta a soluciones de monitorización, control y gestión energética para edificios comerciales e industriales.
Su propuesta incluye herramientas de análisis de consumos, sistemas de supervisión y servicios orientados a mejorar el funcionamiento de las instalaciones y facilitar la toma de decisiones basada en datos.
En edificios con múltiples usos o instalaciones, disponer de información centralizada puede ayudar a comprender la evolución de la demanda y a detectar oportunidades de mejora. La aplicación concreta debe adaptarse a las características de cada inmueble, al tipo de suministro energético y a los objetivos de su responsable.
La segunda temporada de Conexión energética pone el foco precisamente en esa relación entre medición, análisis y operación: el reto no es únicamente conocer cuánto consume un edificio, sino utilizar esa información para tomar decisiones que reduzcan consumos innecesarios y mantengan las condiciones necesarias para su actividad.
En el sector sociosanitario, donde el servicio debe mantenerse de manera continua, esta perspectiva resulta especialmente relevante. La mejora de la eficiencia energética exige combinar tecnología, conocimiento de las instalaciones y seguimiento de los resultados para avanzar hacia una gestión más precisa y sostenible.
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