El free cooling es una estrategia de climatización que permite aprovechar las condiciones favorables del exterior para refrigerar un edificio, una instalación o un proceso reduciendo el uso de los sistemas convencionales de producción de frío. Su principal atractivo está en el ahorro energético: cuando la temperatura exterior lo permite, es posible disminuir el trabajo de compresores y otros equipos de refrigeración.
Aunque tradicionalmente se ha asociado a grandes instalaciones de climatización, el free cooling tiene aplicaciones muy diversas. Puede encontrarse en edificios terciarios, instalaciones industriales, unidades de tratamiento de aire, sistemas con chillers y centros de datos, donde la necesidad de evacuar calor puede mantenerse incluso cuando las temperaturas exteriores son bajas.
Pero ¿cómo funciona exactamente?, ¿qué tipos de free cooling existen?, ¿cuándo merece la pena utilizarlo? A lo largo de esta guía explicamos las principales claves para entender esta tecnología y valorar su aplicación en una instalación.
El término free cooling, que puede traducirse como enfriamiento gratuito, hace referencia al aprovechamiento de unas condiciones exteriores favorables para cubrir total o parcialmente las necesidades de refrigeración de una instalación.
La idea es sencilla. Imaginemos un edificio que, debido a la ocupación, iluminación, equipos informáticos y otras cargas internas, necesita refrigeración aunque en el exterior haya una temperatura considerablemente inferior a la interior.
En lugar de producir todo el frío mediante un sistema convencional de aire acondicionado, el sistema puede aprovechar esas condiciones exteriores para evacuar el exceso de calor utilizando menos energía.
Esto resulta especialmente interesante durante determinadas horas nocturnas, en épocas de entretiempo o incluso durante el invierno en edificios e instalaciones que mantienen cargas térmicas elevadas durante todo el año.
Ahora bien, hablar de “enfriamiento gratuito” no significa que el sistema funcione sin consumir electricidad. Para realizar free cooling pueden seguir siendo necesarios ventiladores, bombas, sensores, actuadores y sistemas de regulación y control. Lo que se reduce fundamentalmente es la necesidad de generar frío mediante refrigeración mecánica.
Por este motivo, más que un sistema de refrigeración completamente gratuito, debe entenderse como una estrategia para reducir el consumo energético asociado a la producción de frío.
El funcionamiento depende de la tecnología utilizada, pero el principio general consiste en comparar las condiciones interiores y exteriores y determinar si resulta energéticamente conveniente utilizar el exterior para refrigerar.
Pensemos en un edificio cuya temperatura interior se encuentra en 25 °C y que necesita refrigeración. Si el aire exterior está a 15 °C y sus condiciones son adecuadas, utilizarlo para ayudar a eliminar el exceso de calor puede requerir mucha menos energía que producir frío exclusivamente mediante compresores.
En un sistema de free cooling por aire, por ejemplo, las compuertas pueden aumentar la entrada de aire exterior y reducir la recirculación de aire interior. El sistema convencional de refrigeración disminuye entonces su aportación o incluso puede dejar temporalmente de producir frío.
Cuando las condiciones exteriores dejan de ser favorables, el sistema modifica nuevamente su funcionamiento y aumenta la participación de la refrigeración mecánica.
Por tanto, pueden darse tres situaciones básicas:
Esta transición debe realizarse automáticamente mediante un sistema de regulación capaz de decidir qué estrategia resulta más eficiente en cada momento.
Y aquí aparece una cuestión importante: no siempre basta con comprobar que en el exterior hace más frío.
La humedad del aire también puede condicionar la conveniencia de introducir aire exterior. Por ello, determinadas instalaciones realizan un control basado en la entalpía, una magnitud que tiene en cuenta el contenido energético del aire y permite valorar conjuntamente factores como temperatura y humedad.
Los equipos necesarios dependerán de si se utiliza aire, agua o un sistema indirecto de intercambio térmico. No obstante, en una instalación de climatización por aire pueden encontrarse elementos como compuertas motorizadas, sondas de temperatura y humedad, filtros, ventiladores, conductos, actuadores y sistemas de regulación.
Las sondas proporcionan información sobre las condiciones interiores y exteriores, mientras que el sistema de control utiliza esos datos para determinar cuándo activar el free cooling y en qué proporción.
Las compuertas permiten modificar los caudales de aire exterior, retorno y expulsión. Los filtros adquieren especial importancia cuando se incrementa la entrada de aire procedente del exterior, ya que debe mantenerse la calidad del aire interior requerida.
En instalaciones hidráulicas, por su parte, pueden intervenir intercambiadores de calor, bombas, válvulas, circuitos de agua y chillers preparados para trabajar con estrategias de free cooling.
El rendimiento final no depende únicamente de disponer de estos componentes. Una correcta regulación resulta fundamental: un sistema mal controlado puede desaprovechar muchas de las horas potenciales de free cooling o incluso generar consumos innecesarios.
No existe una única forma de aprovechar las condiciones exteriores para refrigerar. Dependiendo de cómo se produzca el intercambio de calor, podemos diferenciar principalmente entre free cooling directo, indirecto y free cooling por agua.
En el free cooling directo, el aire exterior se introduce directamente en el edificio o espacio que necesita refrigeración cuando sus condiciones son adecuadas.
Es una solución especialmente habitual en instalaciones de climatización por aire. Cuando el sistema detecta que el aire exterior puede contribuir a reducir la temperatura interior, aumenta el caudal procedente del exterior y expulsa una cantidad equivalente de aire del edificio.
Su principal ventaja es que permite aprovechar de una manera relativamente directa la capacidad de refrigeración del ambiente exterior.
Sin embargo, el aire introducido debe cumplir unas condiciones adecuadas de temperatura, humedad y calidad. La contaminación exterior, el polvo, el polen o una humedad excesiva pueden limitar su utilización o hacer necesario un tratamiento adicional.
Por ello, la filtración y el control de la calidad del aire tienen especial importancia en este tipo de sistemas.
El free cooling indirecto aprovecha las condiciones exteriores sin necesidad de introducir directamente ese aire en el espacio climatizado.
La transferencia de energía se realiza mediante un intercambiador u otro sistema que mantiene separados el circuito interior y el exterior. De esta manera, el calor puede evacuarse aprovechando el ambiente exterior sin que ambos flujos de aire tengan que mezclarse.
Esta característica puede resultar especialmente interesante en instalaciones donde existen requisitos estrictos de calidad ambiental, humedad, limpieza o control de contaminantes.
A cambio, incorporar un elemento intermedio de intercambio térmico introduce pérdidas y puede hacer que el aprovechamiento energético sea inferior al que teóricamente podría obtenerse mediante un intercambio directo.
El water-side free cooling traslada este mismo principio a los sistemas hidráulicos.
En una instalación convencional con chiller, el compresor utiliza energía para producir agua fría. Cuando las condiciones exteriores son suficientemente favorables, es posible utilizar el ambiente exterior para reducir la temperatura del circuito de agua y disminuir el trabajo de los compresores.
Dependiendo del diseño, el free cooling puede realizarse mediante intercambiadores de calor, torres de refrigeración, dry coolers u otros equipos, y existen también chillers que incorporan soluciones específicas de free cooling.
El sistema puede funcionar de forma total o parcial. Cuando la temperatura exterior es suficientemente baja, la refrigeración mecánica puede reducirse considerablemente. En condiciones intermedias, el free cooling puede realizar una parte del trabajo mientras el chiller completa el salto térmico necesario.
Esta solución tiene especial interés en instalaciones que necesitan agua fría durante muchas horas del año, incluso cuando las temperaturas exteriores son bajas.
Una de las claves para conseguir que un sistema de free cooling sea realmente eficiente es decidir correctamente cuándo debe activarse.
Una estrategia relativamente sencilla consiste en realizar la regulación en función de la temperatura. El sistema compara las temperaturas interior y exterior y, cuando se cumplen determinadas condiciones, permite aprovechar el aire exterior.
Sin embargo, la temperatura no cuenta toda la historia.
Imaginemos que el aire exterior está más frío que el interior, pero presenta una humedad muy elevada. Introducir grandes cantidades de ese aire puede modificar las condiciones higrométricas del edificio y obligar posteriormente al sistema de climatización a realizar un trabajo adicional.
Por esta razón puede utilizarse un control entálpico, que permite comparar el contenido energético del aire teniendo en cuenta tanto sus condiciones térmicas como su humedad.
La estrategia de control adecuada dependerá de la instalación, del clima y de las condiciones interiores que deban mantenerse. En cualquier caso, cuanto más precisa sea la información disponible y mejor esté diseñada la regulación, mayor será la capacidad del sistema para aprovechar las horas favorables sin generar consumos adicionales innecesarios.
No existe un porcentaje de ahorro que pueda aplicarse a todas las instalaciones. El potencial del free cooling depende de la relación entre clima, demanda de refrigeración y características del sistema.
Dos edificios situados en una misma ciudad pueden obtener resultados muy diferentes. Una oficina que solo necesita refrigeración durante las tardes más calurosas del verano tendrá muchas menos oportunidades de aprovechar el free cooling que una instalación con importantes cargas internas y demanda de frío durante prácticamente todo el año.
Entre los factores que más influyen se encuentran las temperaturas exteriores, humedad, número de horas de funcionamiento, cargas internas, temperaturas de consigna, caudales, tecnología empleada y estrategia de regulación.
También hay que considerar la energía necesaria para hacer funcionar ventiladores, bombas y otros equipos. El objetivo no es simplemente activar el free cooling siempre que la temperatura exterior sea baja, sino hacerlo cuando el balance energético global sea favorable.
Un ejemplo sencillo: una instalación que necesita refrigeración durante una noche de entretiempo puede encontrarse con una temperatura interior de 25 °C y una exterior de 14 °C. Si las demás condiciones son adecuadas, existe una diferencia térmica que puede aprovecharse para evacuar calor y reducir considerablemente la producción mecánica de frío.
En cambio, si la mayor parte de la demanda de refrigeración coincide con temperaturas exteriores muy elevadas, las horas disponibles para realizar free cooling serán mucho menores.
Por eso, para conocer el ahorro real es recomendable estudiar el comportamiento de la instalación a lo largo del año y determinar cuántas horas existe simultáneamente demanda de refrigeración y unas condiciones exteriores aprovechables.
El free cooling puede aportar un ahorro energético importante, pero su rendimiento depende del clima, del tipo de instalación y de una correcta estrategia de control.
En definitiva, el free cooling ofrece un elevado potencial de ahorro cuando existe una buena coincidencia entre demanda de refrigeración y condiciones exteriores favorables, pero necesita un diseño y una regulación adecuados para garantizar que el balance energético sea realmente positivo.
El free cooling puede aplicarse en numerosos edificios e instalaciones, pero resulta especialmente interesante cuando existe una demanda de refrigeración significativa durante periodos en los que la temperatura exterior es favorable.
En oficinas y otros edificios terciarios, por ejemplo, las personas, ordenadores, iluminación y equipamiento pueden generar suficiente calor como para necesitar refrigeración incluso durante determinadas jornadas de primavera, otoño o invierno. En estos casos, aprovechar el aire exterior puede evitar poner en funcionamiento toda la capacidad de refrigeración mecánica.
Una situación similar puede encontrarse en centros comerciales, hospitales, instalaciones deportivas y edificios con una elevada ocupación o importantes cargas internas.
En el ámbito industrial, determinadas máquinas y procesos generan calor de forma continua, por lo que las necesidades de refrigeración no siempre guardan relación directa con la temperatura exterior. Esto puede proporcionar muchas horas anuales en las que resulta posible aprovechar el free cooling.
También es habitual encontrar esta estrategia en instalaciones de telecomunicaciones y espacios con abundante equipamiento electrónico. Precisamente, uno de los campos donde el concepto adquiere especial relevancia actualmente es la refrigeración de centros de datos.
Los data centers o centros de datos presentan una característica especialmente favorable para el free cooling: los servidores y equipos informáticos generan grandes cantidades de calor de forma continua.
Por tanto, un centro de datos puede necesitar refrigeración durante las 24 horas del día y los 365 días del año, independientemente de que en el exterior sea verano o invierno.
Esta coincidencia entre una demanda permanente de frío y numerosas horas con temperaturas exteriores favorables convierte al free cooling en una estrategia especialmente interesante para mejorar la eficiencia energética de la refrigeración de los centros de datos.
Cuando las condiciones climáticas lo permiten, el sistema puede utilizar el exterior para evacuar parte o todo el calor generado por los equipos, reduciendo el funcionamiento de los compresores.
En un sistema directo, el aire exterior puede utilizarse para refrigerar directamente las instalaciones siempre que cumpla las condiciones requeridas de temperatura, humedad y calidad.
En el free cooling indirecto, en cambio, el aire exterior y el aire del centro de datos permanecen separados y la transferencia térmica se produce mediante un intercambiador. Esta solución facilita un mayor control de las condiciones interiores y evita introducir directamente contaminantes procedentes del exterior.
También pueden utilizarse sistemas hidráulicos, chillers con free cooling y otras configuraciones adaptadas a las necesidades de cada instalación.
La elección depende de factores como ubicación, clima, diseño del centro de datos, temperaturas de operación, disponibilidad requerida y estrategia de refrigeración.
El free cooling no tiene por qué funcionar como una tecnología aislada. Habitualmente forma parte de una estrategia global de climatización HVAC y trabaja conjuntamente con otros sistemas.
Un ejemplo habitual se encuentra en las unidades de tratamiento de aire (UTA). Mediante compuertas motorizadas y un sistema de control, la unidad puede modificar la proporción de aire exterior, retorno y expulsión según las necesidades del edificio.
Cuando las condiciones exteriores son adecuadas, aumenta la utilización de aire exterior para proporcionar refrigeración. Cuando dejan de serlo, la instalación recupera su funcionamiento habitual.
También puede combinarse con recuperadores de calor. Durante el invierno interesa recuperar parte de la energía del aire que se expulsa del edificio. Sin embargo, si el edificio necesita refrigeración y el exterior presenta unas condiciones favorables, recuperar ese calor sería contraproducente.
En esas circunstancias puede utilizarse un bypass para evitar el intercambio térmico y aprovechar directamente las condiciones exteriores.
En instalaciones de mayor tamaño, la regulación puede integrarse en un BMS (Building Management System), que recibe información de diferentes sensores y coordina el funcionamiento del free cooling con la producción de frío, ventilación y otros sistemas del edificio.
Esta automatización resulta especialmente importante porque el potencial de ahorro depende en gran medida de que el sistema sea capaz de seleccionar la estrategia más eficiente en cada momento.
Aunque están relacionados, free cooling, ventilación y recuperación de calor no son conceptos equivalentes.
La ventilación tiene como finalidad principal renovar el aire interior y mantener unas condiciones adecuadas de calidad del aire. El free cooling, en cambio, utiliza unas condiciones exteriores favorables con el objetivo de reducir la necesidad de refrigeración mecánica.
La recuperación de calor persigue otro objetivo: aprovechar parte de la energía del aire extraído antes de expulsarlo al exterior para reducir las necesidades energéticas asociadas a la renovación del aire.
Por eso, una misma instalación puede utilizar diferentes estrategias según las condiciones existentes.
En invierno, cuando el edificio necesita calefacción, puede interesar recuperar el calor del aire de extracción. Si en otro momento existe demanda de refrigeración y el aire exterior es suficientemente fresco, puede ser más conveniente evitar esa recuperación y activar el free cooling.
Tampoco debe confundirse con el enfriamiento evaporativo, que utiliza la evaporación del agua para reducir la temperatura del aire. Son principios diferentes, aunque determinadas soluciones pueden combinar ambos mecanismos para aumentar las posibilidades de refrigeración eficiente.
El potencial será mayor cuanto más coincidan dos circunstancias: necesidad de refrigeración y condiciones exteriores favorables.
Por este motivo, suele resultar especialmente interesante en edificios con importantes cargas internas, instalaciones con muchas horas de funcionamiento y procesos que requieren frío durante todo el año.
También puede ser favorable en edificios que necesitan refrigeración durante las noches o durante épocas de entretiempo, cuando existe una diferencia importante entre las temperaturas interiores y exteriores.
Por el contrario, una instalación cuya demanda de frío se concentre exclusivamente en las horas más calurosas del verano puede disponer de muchas menos oportunidades para aprovechar esta estrategia.
Antes de decidir su instalación conviene analizar, como mínimo, el perfil anual de demanda de refrigeración, datos climáticos de la ubicación, temperaturas de funcionamiento, calidad del aire exterior, costes energéticos y características de los equipos existentes.
De esta forma es posible estimar las horas potenciales de funcionamiento y valorar si el ahorro previsto justifica la inversión necesaria.
España presenta una gran variedad climática, por lo que el potencial del free cooling puede cambiar considerablemente entre diferentes ubicaciones.
Las zonas con temperaturas exteriores moderadas o bajas durante una mayor parte del año pueden ofrecer más oportunidades, especialmente cuando la instalación necesita refrigeración de manera continuada.
Sin embargo, esto no significa que el free cooling carezca de interés en zonas cálidas. Incluso en áreas con veranos muy calurosos pueden existir condiciones aprovechables durante noches, invierno y meses de entretiempo.
Además, el clima no debe analizarse de forma aislada. Una instalación industrial situada en una zona relativamente cálida pero que necesita refrigeración las 24 horas puede tener más potencial de free cooling que un pequeño edificio situado en un clima frío cuya demanda de refrigeración sea muy reducida.
Por ello, el parámetro realmente interesante es el número de horas anuales durante las cuales coinciden una demanda real de refrigeración y unas condiciones exteriores que permiten cubrirla total o parcialmente.
Sí, aunque su viabilidad dependerá de las características del sistema existente.
En una instalación nueva, el free cooling puede contemplarse desde la fase de proyecto, dimensionando desde el principio los conductos, compuertas, intercambiadores, sensores y equipos necesarios.
En una instalación existente, la incorporación puede requerir modificaciones. Por ejemplo, un sistema por aire deberá disponer de capacidad suficiente para gestionar los caudales necesarios de aire exterior y expulsión, además de una filtración adecuada.
También habrá que comprobar el espacio disponible, las pérdidas de carga, capacidad de los ventiladores, conductos, compuertas, sensores y posibilidades de integración con la regulación existente.
En sistemas hidráulicos será necesario estudiar las características de la producción de agua fría y determinar si es posible incorporar intercambiadores, dry coolers, chillers con free cooling u otras soluciones.
Por tanto, la rehabilitación de una instalación HVAC puede ser una buena oportunidad para estudiar esta estrategia, pero requiere un análisis técnico y energético previo.
Un correcto diseño comienza por conocer el comportamiento real del edificio o proceso. No basta con consultar la temperatura media de la ciudad: hay que comparar los datos climáticos horarios con el perfil de demanda de refrigeración.
También deben definirse correctamente las temperaturas de funcionamiento, caudales, pérdidas de carga, condiciones de humedad y requisitos de calidad del aire.
A partir de estos datos puede determinarse qué tecnología resulta más adecuada y durante cuántas horas podría trabajar en modo total o parcial.
La estrategia de control merece una atención especial. Los puntos de consigna y las condiciones de activación deben evitar situaciones en las que el consumo adicional de ventiladores o bombas termine anulando parte del ahorro conseguido al reducir la refrigeración mecánica.
Uno de los errores más habituales es pensar que basta con introducir aire exterior siempre que su temperatura sea inferior a la interior. Como hemos visto, deben considerarse otras variables como humedad, calidad del aire y consumo de los equipos auxiliares.
También pueden producirse problemas por sensores mal ubicados o descalibrados, compuertas que no funcionan correctamente, filtración insuficiente o un dimensionamiento inadecuado de los caudales.
Otro error frecuente es no revisar la estrategia de regulación una vez puesta en marcha la instalación. Los horarios, consignas y condiciones de funcionamiento del edificio pueden cambiar con el tiempo, por lo que la optimización del control puede resultar tan importante como los propios equipos.
Para conservar su eficiencia, el sistema necesita un mantenimiento adecuado.
En instalaciones por aire deben revisarse especialmente los filtros, ya que un aumento de la suciedad incrementa las pérdidas de carga y puede elevar el consumo de los ventiladores.
También deben comprobarse periódicamente compuertas y actuadores para garantizar que abren y cierran correctamente, así como los sensores utilizados para tomar las decisiones de control.
En instalaciones hidráulicas será necesario prestar atención a bombas, válvulas, intercambiadores y elementos de disipación exterior.
Además del mantenimiento físico, resulta recomendable analizar periódicamente los datos de funcionamiento y consumo energético. Si el sistema apenas entra en free cooling durante periodos en los que debería hacerlo, puede existir un problema de regulación, sensores o consignas.
En España, el diseño de las instalaciones térmicas de los edificios debe considerar las exigencias establecidas por el Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios (RITE) y sus posteriores modificaciones.
El RITE incluye requisitos relacionados con la eficiencia energética de las instalaciones de climatización y el aprovechamiento del enfriamiento gratuito por aire exterior en determinados sistemas y condiciones.
A la hora de proyectar una instalación no debe analizarse el free cooling de manera aislada. También deben tenerse en cuenta las exigencias aplicables en materia de ventilación, calidad del aire interior, filtración, recuperación de energía, regulación y control.
Asimismo, dependiendo del edificio y de la solución utilizada, pueden intervenir otras disposiciones del Código Técnico de la Edificación (CTE) y normas técnicas relacionadas con las instalaciones de climatización y ventilación.
Por ello, en proyectos reales es necesario consultar siempre la versión vigente de la normativa y las exigencias específicas aplicables a cada instalación, especialmente cuando se trata de determinar cuándo resulta obligatorio incorporar sistemas de aprovechamiento de energía.
El coste de instalar free cooling depende del tipo y tamaño de la instalación y, especialmente, de si se integra en un sistema existente o requiere nuevos equipos.
Como referencia, en España una compuerta motorizada puede partir de unos 150 €, mientras que una UTA equipada con recuperador y posibilidad de free cooling puede rondar los 4.000-5.000 € en equipos de pequeña capacidad. A estos precios hay que sumar sensores, regulación, adaptación de conductos, instalación y puesta en marcha.
Por ejemplo: en un pequeño edificio terciario que ya disponga de una UTA y conductos adecuados, incorporar free cooling mediante compuertas, sensores y un nuevo sistema de control podría suponer una inversión de varios miles de euros. Si es necesario sustituir la UTA o incorporar free cooling hidráulico mediante intercambiadores, dry coolers o chillers, el presupuesto será considerablemente mayor.
Por ello, cada proyecto debe analizarse individualmente, comparando la inversión inicial con el ahorro energético anual esperado.
El periodo de retorno depende fundamentalmente de la inversión inicial y del ahorro económico anual obtenido.
De forma simplificada puede calcularse mediante:
Periodo de retorno = inversión inicial / ahorro económico anual
Por ejemplo, si una actuación destinada a incorporar free cooling supone una inversión de 15.000 euros y permite ahorrar aproximadamente 3.000 euros al año en energía, el periodo simple de retorno sería de unos cinco años.
Este cálculo es únicamente orientativo. Un estudio económico completo debería considerar también la evolución del precio de la energía, mantenimiento, vida útil de los equipos, posibles costes financieros y variaciones en las condiciones de funcionamiento.
Free cooling significa enfriamiento gratuito y consiste en aprovechar las condiciones exteriores para reducir la necesidad de producir frío mediante sistemas mecánicos de refrigeración.
El sistema compara las condiciones interiores y exteriores y, cuando estas últimas son favorables, utiliza aire exterior o un intercambio térmico para evacuar calor y reducir el trabajo de los sistemas convencionales de refrigeración.
Se activa cuando las condiciones exteriores permiten refrigerar de manera energéticamente favorable. La decisión puede basarse en temperatura, humedad, entalpía y otros parámetros definidos por la estrategia de control.
No existe un porcentaje universal. El ahorro depende del clima, demanda de refrigeración, horas de funcionamiento, temperaturas de consigna, tecnología utilizada y eficiencia del sistema.
Sí. Aunque reduce la producción mecánica de frío, pueden seguir funcionando ventiladores, bombas, sensores, actuadores y sistemas de control. Por ello, “free” no significa consumo energético cero.
Sí. Dependiendo del clima y de las necesidades de la instalación, puede aprovecharse durante determinadas noches u horas en las que la temperatura exterior sea suficientemente favorable.
En el free cooling directo se utiliza directamente el aire exterior para refrigerar el espacio. En el indirecto, el intercambio térmico se realiza manteniendo separados el aire o circuito exterior y el interior.
Es una solución que permite aprovechar las bajas temperaturas exteriores para enfriar total o parcialmente el circuito de agua, reduciendo así el trabajo de los compresores del chiller.
Porque los servidores generan calor durante todo el año y los centros de datos necesitan refrigeración de forma prácticamente continua. Esto permite aprovechar muchas horas con condiciones exteriores favorables.
El RITE establece exigencias de aprovechamiento de energías gratuitas en determinadas instalaciones de climatización. La obligatoriedad y las condiciones concretas dependen de las características de la instalación y de la normativa vigente aplicable al proyecto, por lo que deben comprobarse en cada caso.
El free cooling demuestra que mejorar la eficiencia de una instalación no siempre pasa únicamente por producir frío con equipos más eficientes. En determinadas situaciones, la mejor estrategia consiste en evitar producir parte de ese frío y aprovechar las condiciones disponibles en el exterior.
Edificios con elevadas cargas internas, instalaciones industriales, sistemas HVAC que funcionan durante muchas horas y, especialmente, centros de datos pueden encontrar en esta tecnología una herramienta eficaz para reducir el consumo asociado a la refrigeración.
Sin embargo, su rendimiento dependerá de un buen análisis climático, un diseño adecuado y una regulación capaz de decidir cuándo el free cooling ofrece realmente una ventaja energética. Cuantas más horas coincidan la demanda de refrigeración con unas condiciones exteriores favorables, mayor será su potencial de ahorro.
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