Sika, la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) y la Empresa Municipal de Transportes de Madrid (EMT) colaboran en un proyecto pionero para analizar, rehabilitar y prolongar la vida útil de las infraestructuras de movilidad urbana, aplicando criterios de sostenibilidad, durabilidad y reducción de la huella ambiental.
Vivir en una gran ciudad es la principal opción del 50% de la población a nivel mundial, una tendencia que irá incrementándose en los próximos años y que implicará importantes desafíos en materia económica, de recursos y de impacto ambiental.
Según datos de la ONU, en la actualidad las grandes urbes tan solo ocupan el 2% de la superficie total del planeta, pero son las responsables del 60% de las emisiones de CO₂ a nivel mundial.
En un contexto global en el que se pone de manifiesto la urgencia de reducir el impacto ambiental del parque edificado, se hace imprescindible apostar por su descarbonización a través de estrategias que permitan renovar y mejorar las infraestructuras existentes. “Para lograrlo será clave impulsar la colaboración público-privada, apostando por modelos de buenas prácticas en obra nueva y rehabilitación”, afirma Guillermo Sánchez, Key Owner Manager Industry en Sika.
La compañía actúa como socio dentro del proyecto de colaboración que han puesto en marcha la Empresa Municipal de Transportes de Madrid (EMT) y la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) para avanzar en la descarbonización de las infraestructuras urbanas.
Este modelo de colaboración público-privada, que busca reducir la huella de carbono mediante la mejora de la eficiencia y la durabilidad de los espacios ya construidos, es el eje central del último videopodcast Desafío Sika 30/50, en el que también participaron Amparo Moragues, catedrática de la UPM, y Cristina Cabrerizo, del Servicio de Obras de la Dirección de Infraestructuras de la EMT.
“Sika aporta su amplia experiencia en el sector de los materiales de construcción, participando tanto en la evaluación de los elementos a tratar como en la propuesta de soluciones que permitan reutilizar al máximo la infraestructura”, explica Sánchez. “La mejor contribución a la sostenibilidad es conseguir que las estructuras cumplan su función durante toda su vida útil”, añade.
El proyecto, iniciado en 2023 con la creación de la Cátedra de Infraestructuras Sostenibles para el Transporte Urbano, se apoya en la monitorización y el análisis del ciclo de vida de edificios e infraestructuras existentes, con el objetivo de conocer su estado, rehabilitarlas y evaluar el impacto de las actuaciones.
Este enfoque científico permite optimizar el uso de los materiales y asegurar que las infraestructuras sean eficaces a largo plazo, liberando recursos públicos para otras necesidades de la ciudad.
“Actualmente se pide extender la vida útil de las infraestructuras civiles hasta los 100 años y cumplir con los estándares actuales de sostenibilidad, pero para lograrlo es fundamental priorizar el mantenimiento y la reparación frente a la nueva construcción”, afirma Amparo Moragues. “Solo mediante actuaciones duraderas se garantiza la viabilidad económica y el respeto al medio ambiente”, añade.
Un ejemplo destacado dentro del proyecto es la remodelación del aparcamiento de Plaza España, una estructura de los años 60 donde se aplicaron soluciones avanzadas para evitar su demolición. La infraestructura presentaba importantes daños por corrosión: “Había delaminaciones y mucha de la armadura estaba vista”, explica Cristina Cabrerizo.
“¿Qué podíamos hacer, derribarlo? Optamos por reparar una estructura que sigue en uso, aplicando criterios de sostenibilidad y durabilidad para alargar su vida útil”, señala.
Este enfoque no solo garantiza la salud de las estructuras, sino que también tiene un impacto directo en la sociedad y en la gestión de los recursos públicos. “En Plaza España no se ha interrumpido la actividad del aparcamiento; rehabilitar mientras sigue en funcionamiento permite ofrecer un parking renovado sin que suponga un mayor coste para los ciudadanos”, destaca Cabrerizo.
Por su parte, Guillermo Sánchez concluye reafirmando el valor de la alianza como motor de cambio: “Estamos ante un cambio de paradigma que ha venido para quedarse. La colaboración entre conocimiento académico, gestión pública y experiencia técnica es clave para asegurar el desarrollo responsable de nuestras ciudades”.
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